Seguridad alimentaria
Soberanía alimentaria en medio de crisis globales superpuestas: vías de acción política para sistemas alimentarios sostenibles.
Una revisión de políticas y prácticas publicada en 2026 en Frontiers in Sustainable Food Systems examina cómo los choques climáticos, los conflictos armados y la inestabilidad económica se combinan para debilitar los sistemas alimentarios del Sur Global, y propone cinco vías interrelacionadas de políticas y prácticas.
Soberanía alimentaria ante crisis globales superpuestas: vías de acción política para sistemas alimentarios sostenibles
Subtítulo: una revisión de políticas y prácticas publicada en *Frontiers in Sustainable Food Systems* señala que los impactos climáticos, los conflictos armados, la recesión económica y las secuelas de la pandemia están debilitando de forma superpuesta los sistemas alimentarios del Sur global; cinco vías interconectadas se consideran puntos de acción para las políticas y la práctica
Introducción
Los niveles mundiales de hambre siguen siendo persistentemente altos. Una revisión de políticas y prácticas publicada en *Frontiers in Sustainable Food Systems* el 25 de mayo de 2026, que cita datos de 2024 de la FAO y otras instituciones, señala que más de 733 millones de personas se acuestan con hambre cada día. El informe del Índice Global del Hambre (GHI), publicado por Concern Worldwide y Welthungerhilfe, muestra que nueve países presentan los niveles más graves de hambre y que otros 34 están clasificados en situación de hambre “grave” —todos en el Sur global.
En esta revisión, titulada “Food sovereignty amidst global catastrophes: a call to action for sustainable food systems”, el equipo de autores del Departamento de Ciencia y Tecnología de Alimentos de la Facultad de Recursos Naturales, Universidad de Agricultura y Recursos Naturales de Lilongüe, Malawi (Gareth Osman, Isabel Chikwenga, Richard Banda, Chimwemwe Chilenga, Khumbo Mhango, Victor Munkhuwa, Millias Mchimwa, Urunji Mezuwa; autor de correspondencia: William Kasapila), sostiene que el clima, los conflictos, las crisis económicas y las pandemias ya no son desafíos independientes entre sí, sino que actúan conjuntamente sobre los sistemas alimentarios de manera prolongada y superpuesta. A menos de cinco años de la fecha límite de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de 2030, esta situación implica un retroceso preocupante en los avances correspondientes.
Cuerpo
Las crisis ya no son eventos aislados
La revisión clasifica los impulsores de la actual crisis alimentaria mundial en varias categorías: el cambio climático, los conflictos armados y las guerras, los choques económicos relacionados con la recesión global, el aumento vertiginoso de los precios de los alimentos, la energía y los fertilizantes, y los efectos socioeconómicos a largo plazo de la pandemia de COVID-19. Estos factores interactúan entre sí, debilitan los sistemas alimentarios y erosionan los medios de subsistencia.
Los autores señalan que los países más afectados suelen encontrarse ya en una situación vulnerable antes de que llegue la crisis: pobreza, infraestructura débil y sistemas de gobernanza frágiles. África subsahariana y Asia meridional han sufrido los impactos más graves en las últimas dos décadas. Si no se interviene, sus consecuencias podrían formar un círculo vicioso de pobreza y hambre, difícil de romper incluso hacia 2030.### De la seguridad alimentaria a la soberanía alimentaria
El artículo ofrece una definición clara de “soberanía alimentaria” (food sovereignty): no se trata solo de la disponibilidad de alimentos, sino de quién controla el sistema alimentario, cómo se toman las decisiones y cuyos intereses se priorizan (Foro de Soberanía Alimentaria, 2007). Enfatiza que los pueblos, las comunidades y los Estados tienen derecho a definir sus propios sistemas alimentarios y agrícolas de manera socialmente justa, ambientalmente sostenible y culturalmente adecuada.
Los autores distinguen específicamente entre seguridad alimentaria y soberanía alimentaria: la disponibilidad, el acceso, la utilización y la estabilidad son condiciones necesarias, pero no suficientes para garantizar la soberanía. A diferencia de la “autosuficiencia nacional”, la soberanía alimentaria permite el comercio y el intercambio, pero sostiene que dicha participación no debe menoscabar la autonomía local, la capacidad de gobernanza ni la agencia de productores y consumidores.
Cinco rutas
La revisión adopta un método de revisión narrativa estructurada e integradora, toma como referencia el marco de tres etapas de Jernigan et al. (2021) y utiliza como lente analítica el marco de sistemas alimentarios del Grupo de Alto Nivel de Expertos en Seguridad Alimentaria y Nutrición (HLPE, 2017) —que divide el sistema alimentario en tres partes interconectadas: la cadena de suministro de alimentos, el entorno alimentario y el comportamiento del consumidor— para codificar e interpretar la evidencia. Toda la revisión gira en torno a dos preguntas: a través de qué rutas las crisis debilitan la soberanía alimentaria; y, en los países del Sur, qué acciones concretas tienen más probabilidades de fortalecer la resiliencia.
De ahí se derivan cinco rutas interconectadas:
1. Acceso a los recursos productivos: tierra, agua, insumos y otras condiciones básicas; 2. Capacidad productiva y resiliencia agroecológica: incluye prácticas agroecológicas y la base de suelo y biodiversidad a la que apunta la agricultura regenerativa (Regenerative Agriculture); 3. Comercio, mercados y acceso económico: cómo la volatilidad de precios y el acceso a los mercados afectan el acceso a los alimentos a nivel de los hogares; 4. Consumo de alimentos y nutrición: pasar del suministro de calorías a la calidad nutricional y la diversidad dietética; 5. Gobernanza y capacidad institucional: espacio de políticas, capacidad de las instituciones públicas y agencia comunitaria.
Los autores enfatizan que estas rutas no son una lista paralela, sino que están anidadas entre sí: la fortaleza o debilidad de la capacidad de gobernanza suele determinar si las otras cuatro rutas pueden funcionar realmente.
Quién debería asumir la responsabilidadLa sección de conclusiones de la revisión ofrece recomendaciones dirigidas a múltiples actores: los países ricos, los gobiernos del Sur Global, los donantes multilaterales, las organizaciones humanitarias, los inversores y las empresas privadas deberían asumir una mayor responsabilidad dentro de sus respectivas jurisdicciones —lo que también constituye el compromiso asumido por las partes en la COP29, la Cumbre del G20 y la Cumbre de Sistemas Alimentarios de la ONU+4, entre otros. Los autores piden orientar las inversiones hacia la agricultura y los sistemas alimentarios sostenibles, para evitar que las crisis alimentarias y el hambre se repitan. El artículo también señala que dichas acciones están directamente relacionadas con varios Objetivos de Desarrollo Sostenible, incluidos el ODS 1 (fin de la pobreza), el ODS 2 (hambre cero), el ODS 3 (salud y bienestar), el ODS 12 (producción y consumo responsables) y el ODS 13 (acción por el clima).
Impacto sectorial
Desde la perspectiva de la agrotecnología (AgriTech / Agricultural Technology) y la industria alimentaria, el valor de esta revisión no radica en proponer una solución tecnológica concreta, sino en reordenar las prioridades.
Eficiencia de la producción agrícola: El artículo sitúa la «capacidad productiva y la resiliencia agroecológica» como una vía independiente, lo que implica que la lógica de buscar únicamente el aumento del rendimiento por unidad de superficie está siendo sometida a un examen más estricto. Herramientas como la agricultura de precisión (Precision Agriculture), el riego inteligente y los sensores de suelo, si de verdad se quieren implementar, necesitan adaptarse a las condiciones de los recursos locales y a la escala de operación de los agricultores, en lugar de promoverse con una plantilla uniforme.
Modelos de operación de las fincas y estructura laboral: Cuando la capacidad de gobernanza y el espacio político se colocan en el centro, la adopción de tecnología a nivel de finca ya no es solo una cuestión de retorno de inversión. La posición de las cooperativas, las organizaciones de productores y los pequeños agricultores en la cadena de decisiones influirá directamente en la tasa de penetración real de soluciones como la agricultura inteligente (Smart Farming).
Cadena de suministro de alimentos y precios de los alimentos: La revisión separa el comercio, los mercados y la accesibilidad económica como aspectos independientes, lo que indica que el impacto de los mecanismos de transmisión de los precios de los alimentos y de las condiciones de acceso al mercado sobre el acceso de los hogares a los alimentos podría no ser menor que el de las mejoras tecnológicas en el lado de la producción. Esto es una indicación importante para las empresas que se dedican a la digitalización de la cadena mundial de suministro de alimentos (Global Food Supply Chain) y al comercio de productos agrícolas.
Orientación de la inversión agrícola: El artículo pide a las partes que cumplan los compromisos asumidos en las cumbres climáticas y los foros de alto nivel, y que dirijan fondos hacia la agricultura sostenible (Sustainable Farming) y los sistemas alimentarios. Para el capital interesado en tecnología alimentaria (FoodTech), proteínas alternativas, procesamiento de alimentos e inocuidad alimentaria, esto ofrece un marco de referencia en el contexto de las políticas; pero también implica que los criterios de evaluación de los proyectos de ESG y de adaptación climática podrían volverse más estrictos.
Panorama del comercio global y seguridad alimentaria (Food Security): El concepto de soberanía alimentaria reconoce en sí mismo la legitimidad del comercio, pero añade la condición de «no menoscabar la autonomía local». Esta formulación establece la premisa de discusión para la evolución futura de las cadenas internacionales de suministro agrícola.Debe señalarse que esta revisión se centra en políticas y gobernanza, y no incluyó la IA agrícola (Agricultural AI), los robots agrícolas u otras herramientas tecnológicas como variables centrales. Para el sector de la tecnología agrícola, esto es en sí mismo una señal: la tecnología se considera una posible condición de apoyo, y no la solución en sí misma.
Observaciones futuras
- Próximos 3–5 años: A medida que se acerca el plazo de 2030, el espacio de política y la capacidad institucional de los países del Sur global en la gobernanza de los sistemas alimentarios se convertirán en variables clave para evaluar el progreso, y no solo los datos de producción.
- Dirección del desarrollo de la tecnología agrícola: Las tecnologías agrícolas y las plataformas de datos capaces de adaptarse a explotaciones de pequeña escala y a condiciones de infraestructura limitada podrían recibir más atención política que las soluciones de automatización orientadas a grandes explotaciones.
- Perspectivas de la automatización agrícola y las aplicaciones de IA agrícola: El papel de la tecnología en la mejora de la eficiencia productiva sigue siendo ampliamente reconocido, pero en el marco de la soberanía alimentaria sus criterios de evaluación incorporarán más la influencia sobre la autonomía local y el protagonismo de los productores.
- Cambios en la demanda mundial de alimentos: La confluencia del crecimiento demográfico y los riesgos climáticos hace que la cuestión de la estabilidad del sistema de suministro alimentario se eleve de forma sostenida como tema de largo plazo.
- Polos de inversión de capital agrícola: La adaptación climática, la agricultura regenerativa, las prácticas agroecológicas y la resiliencia de las cadenas de suministro alimentario probablemente sigan atrayendo la atención del capital público y privado.
- Tendencias de innovación en tecnología alimentaria: En un contexto en el que la calidad nutricional y la diversidad dietética se incorporan a la trayectoria, las dimensiones de evaluación de la tecnología alimentaria podrían ampliarse de los “nuevos productos” a la “accesibilidad y los resultados nutricionales”.
Conclusión
Esta revisión no ofrece una respuesta desde el optimismo tecnológico. Se parece más a una lista de responsabilidades: en una época en la que se superponen crisis climáticas, conflictos y crisis económicas y sanitarias, la cuestión de la soberanía alimentaria apunta en última instancia a la capacidad de gobernanza, el espacio de política y la agencia. Para el sector de la tecnología agrícola y la industria alimentaria, esto significa que el criterio para medir el valor de la innovación está cambiando: más allá de la eficiencia, también hay que responder quién toma las decisiones, quién se beneficia y si el sistema puede seguir funcionando ante las perturbaciones.
Fuente de información: Frontiers in Sustainable Food Systems — Food sovereignty amidst global catastrophes: a call to action for sustainable food systems
Comprobación del lector · agritechreview
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